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De Cantalamesa a Charlotte
- 07/09/2010
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Hay una conjunción que resulta tentadora: los lugares que tienen cierta intimidad de hogar, pero el rigor profesional de un restaurante. Elida Villarroel y su esposo Fidel se dieron a conocer en la escena gastronómica caraqueña, sin muchas estridencias y en un espacio con ese sello propio, bautizado Cantalamesa.
En la casa de la infancia de ella, apostada en Chuao, crearon un ambiente ecléctico y cercano, donde servían las mesas con calidez hogareña, pero con la profesionalidad de una cocinera formada con estrellas: Villarroel estudió en Francia en la escuela de Paul Bocuse y se formó en restaurantes como los de Michel Bras y Pierre Orsi. El año pasado, con ese gen de los trashumantes, decidieron cambiar de fronteras. "Estaba en Miami de paso hacia Francia y vi un lugar que me atrapó", cuenta la venezolana de un local breve en Coral Gables, Florida.
Ese espacio se transformó en sus manos gracias a una decoración "poco convencional, pero hogareña, donde nada pega con nada, pero todo queda bien". Así, en agosto pasado, armaron un bistró de 40 puestos, lo bautizaron Charlotte y se estrenaron con buena estrella.
"Contra todo pronóstico, nos ha ido muy bien a pesar de la crisis y de que nadie me conocía. Yo me asombro", cuenta la chef. Allí prepara platos como las vieiras gigantes sobre un colorido escenarios de purés, o un risotto de cangrejo con salsa de trufas, mientras sale a saludar a quienes comen en el sitio. "Es un bistró chic, con una cocina muy personalizada. Como una casita en medio de restaurantes gigantes. Creo que por eso llama la atención", cuenta ella y lo celebra.
Fuente: el-nacional.com
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